Emiliano García Estrella: magonista, carrancista… y personaje de novela

la crónica hugo garcía michel

Por Bertha Hernández
Foto: Saúl Castillo

Diario La Crónica de hoy, febrero 4 de 2017

Memoria. Sus nietos lo conocieron por las narraciones de su viuda que los llevaba a visitar su tumba y les hablaba del abuelo revolucionario y diputado constituyente de 1917. Ahora su nieto, el escritor y periodista Hugo García Michel, a través de lugares, imágenes y ficción, reconstruye su historia.

Estudió medicina, pero siempre fue hombre del campo. Se vinculó con los hermanos Flores Magón y construyó una buena amistad con Venustiano Carranza. Sus nietos lo conocieron por las narraciones de su viuda, quien los llevaba a visitar su tumba y les hablaba del abuelo revolucionario y diputado constituyente de 1917. Se llamaba Emiliano García Estrella, representó al estado de Sinaloa y en los últimos años de su vida eligió una ocupación sencilla: inspector de la Secretaría del Trabajo, cuando había sido senador de la república. Solamente dejó esa ocupación entre 1943 y 1947, cuando volvió a ser diputado por su estado. Un siglo después de su primera ocupación legislativa, su nieto, el escritor y periodista Hugo García Michel, lo convirtió en un personaje de novela, en un intento por recuperar su memoria y volver a contar su historia.

El recuerdo rescatado

Hugo García Michel no conoció al constituyente Emiliano García Estrella; el abuelo murió en 1951, el escritor nació en 1955: “De todos los nietos que tuvo, que somos muchos, solamente conoció a uno, mi hermano Sergio, diez años mayor que yo”. Pero la viuda de Emiliano, Guadalupe Ayala, se encargó de que sus nietos supieran de quién descendían: “Mi abuelita Lupe era, como él, de El Fuerte, Sinaloa. Vivieron muchos años en el pueblo de Tlalpan, en una casa hermosísima que hoy es monumento histórico, por eso no la pueden tirar”.

“En aquella casa, la Quinta Guadalupe, había muchas fotografías. Recuerdo una, muy larga, en la que están sentados todos los diputados constituyentes. Muchas fotografías de don Emiliano con mi abuela, con sus hijos, con mi padre”.

Los recuerdos se rescatan de imágenes y lugares. García Michel empezó a construir su imagen del abuelo muerto en esos “lugares de memoria” que contaban una parte de la biografía de Emiliano. “Mi abuelita nos llevaba, a unos primos y a mí, a lo que llamábamos la Casa del Constituyente –hoy Museo Casa de Carranza– y luego íbamos a la tumba de mi abuelo, en el lote de los Constituyentes del panteón de Dolores, al que llamábamos ‘la Rotonda de los Constituyentes’, donde ahora ella también está sepultada a su lado”.

“Mi abuela se preocupó porque aprendiéramos la historia de su esposo, pero la verdad sea dicha, de todos los nietos, al único al que le interesó realmente el tema fue a mí. Sí, tenía mucho interés, pero no tuve la curiosidad suficiente para conversar con mi abuela y pedirle que me contara más cosas de él. Quedaba la última hija de mi abuelo, quien falleció hace dos años y yo no me llevaba del todo bien con ella, de modo que por ese lado tampoco pude obtener más información. Entonces, cuando quise escribir sobre él tuve que usar la imaginación, porque ya no quedaba nadie que me compartiera historias. Pero siempre tuve claro que mi abuelo era de los hombres que habían hecho la Constitución y eso siempre fue para mí un punto de orgullo”.

La abuela Guadalupe, regañona, fuerte, fungió como guardiana del recuerdo de su esposo el constituyente. Mucho más joven que él, le sobrevivió los años suficientes para dejar en los nietos una semilla de memoria. ¿Quién era ella?

“Mi abuela Lupe era una viuda muy jovencita cuando él la conoció. Era madre de dos hijos, Emilio y Evangelina, y aún tenía muñecas. Se casó con mi abuelo cuando ella tenía unos diecinueve años. Él le llevaba catorce o quince. Se casaron en El Fuerte, poco antes de que comenzara la revolución. Ella estuvo siempre a su lado”.

De magonista a carrancista

En Sinaloa, Emiliano García inició su vida política relacionándose con los hermanos Flores Magón. Había dejado los estudios de medicina para trabajar en el campo al lado de su padre. Fue de los primeros en afiliarse, en 1906, al Partido Liberal Mexicano. Había avanzado en la vida política como fundador de periódicos de oposición y defendiendo a los que eran apresados y movilizados en “cuerdas”.

Apunta su nieto, Hugo García Michel: “Distribuía en El Fuerte el periódico Regeneración y cuando estalló la revolución maderista, formó un grupo guerrillero que se llamaba Los Leales de El Fuerte, del que era comandante. Cuando Madero fue asesinado en 1913, se levantó en armas contra el régimen de Victoriano Huerta y es cuando se unió al constitucionalismo. Se hizo muy amigo de Venustiano Carranza. Llegó al Constituyente con 41 años cumplidos”.

La evolución ideológica de Emiliano García no deja de llamar la atención: de militar en el magonismo, de fuerte inspiración anarquista y radical, el guerrillero sinaloense suaviza sus posiciones políticas. Cuando llegue a Querétaro como diputado por el V distrito electoral, formará parte del bloque moderado.

Esa cercanía con Carranza en las últimas horas del Varón de Cuatro Ciénagas es un enigma que Hugo García Michel aún no ha podido dilucidar: “No estoy seguro si él estaba en el tren que dejó Carranza para internarse en la sierra. Muchos de sus leales se quedaron allí. Probablemente no fue, porque mi abuela ya estaba embarazada de mi padre; quizás eso lo detuvo. No lo sé. En aquellos días vivían en el pueblo de Mixcoac”.

“Un acto de amor”

Un siglo después del Congreso Constituyente aparece la novela Emiliano, la apuesta literaria por medio de la cual el autor intenta recuperar la figura de su abuelo. El punto de partida es esa página, la 161, de la Historia del Congreso Constituyente. 1916-1917 de Jesús Romero Flores que contiene las biografías de todos los diputados que integraron el Constituyente. “En esa página me basé como punto de partida para escribir la historia”.

García Michel es bien conocido por su trabajo periodístico; por sus columnas sobre política y sobre música, por su época al frente de la revista La Mosca en la Pared. Autor de otra novela, Matar por Ángela, encontró en el tratamiento literario el hilo conductor para contar la vida del abuelo constituyente. No es la primera vez que Emiliano García sale de la pluma de su nieto. Orgulloso, Hugo ha mencionado en sus columnas al antiguo magonista los días 5 de febrero. Al emprender la escritura de Emiliano, cuenta el periodista, “sentía como si mi abuelo me dictara lo que tenía que decir. Esta novela es un acto de amor”.

“Me decidí por la novela porque no poseo la información suficiente como para escribir una biografía de 200 páginas; tuve que recurrir a la ficción, que ayuda a narrar momentos muy importantes: el abuelo estaba a punto de morir fusilado por los huertistas, sus hombres secuestraron a un prefecto de un pueblo cercano a El Fuerte. Lo apresaron con todo y familia y lograron canjear a sus rehenes por Emiliano. Reconstruí literariamente esos sucesos, porque tenía pocos datos duros. Predominaban los relatos de mi abuela Guadalupe y estaba la sucinta biografía escrita por Romero Flores. Por eso inventé a un reportero de 27 años al que Félix F. Palavicini envía a entrevistar a mi abuelo, compañero suyo en el Constituyente”.

Pero a esos relatos familiares les faltaban los detalles de los días más oscuros; la zozobra, la inquietud inevitable de saber al esposo en batalla. Guadalupe no acompañó a Emiliano a la bola, no fue una adelita. “Tal vez el hecho de que estuvieran sus hijos hizo que se quedara en El Fuerte”. Ella prefirió transmitir a sus nietos el orgullo de tener al diputado constituyente como abuelo.

“Yo creo que a Emiliano le fue bien: sobrevivió a la Revolución, fue constituyente; no lo persiguieron a la muerte de Carranza, fue presidente municipal un par de ocasiones, tuvo otros puestos legislativos, tuvo suerte. Hasta donde sé, no fue un hombre corrupto”.

El abuelo Emiliano, reflexiona García Michel, tenía buena pluma. “Tengo algunas cartas de él; conservo un soneto que le escribió a Madero. En cambio, poseo pocas fotografías. Desde la adolescencia, acaso porque milité en la izquierda, fui cobrando conciencia de ese abuelo liberal y eso fortalecía mi orgullo. Aunque en el Constituyente estuviese del lado de Carranza, siempre fue un hombre progresista que finalmente decidió no hacer carrera militar y que al final de su vida eligió una vida sencilla, como civil”.

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Una novela de Hugo García Michel

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